Taxonomía de economía circular

19/02/2019

Taxonomía de economía circular

TAXONOMÍA  DE ECONOMIA CIRCULAR

Lo que sigue a continuación es una suerte de taxonomía hecha a vuelapluma de algunos de los elementos debatidos y de las conclusiones surgidas en un foro empresarial al que he tenido la oportunidad de asistir en la capital española, con foco en la economía circular.

Según datos de la Comisión Europea, el modelo de producción auspiciado por la Unión Europea (UE) en el marco de su Plan de Acción para una economía circular -basado en producción, consumo, gestión de residuos y generación de nuevas materias primas- puede llegar a suponer para las empresas un ahorro neto de 600.000 millones de euros, aumentar un 8% su volumen de negocio anual e incrementar en un 7% el PIB. Cabe señalar que de las 54 medidas contempladas en dicho plan, un 85% de ellas ya han sido aprobadas.

Coexiste con esta iniciativa el plan de trabajo 2016-2019 de la directiva de Ecodiseño en Europa, así como futuras medidas de ayuda a consumidores encaminadas a elegir productos más sostenibles y el fomento de la compra pública verde. La voluntad es reducir en un 70% los envases, y que en el año 2035 el conjunto de los países de la UE reciclen como mínimo el 65% y limiten a un 10% los vertederos, estableciendo igualmente porcentajes distintos según materiales. Todo ello se pretende lograr con el fomento de la reutilización de envases, la colecta selectiva, la creación de un mercado de materias primas secundarias y la promoción de la reutilización del agua.

La organización patronal europea BusinessEurope estima que la aplicación efectiva de las medidas legislativas de impulso de la economía circular tendrá una translación directa en la creación de empleo -con la creación de cerca de 180.000 puestos de trabajo en 2030- y supondrá un ahorro de 72.000 millones de euros por año en costes de gestión de residuos.

En el periodo 2017-2021 la Unión destinará un 25% de su presupuesto común al impulso de acciones contra el cambio climático y se integrará la economía circular en los principales fondos y programas de financiación, como por ejemplo los multianuales Horizonte, o InvestEU y LIFE, entre otros. Pero es que en la actualidad, tanto Horizonte 2020, como COSME y LIFE, por citar a los más relevantes, ya ofrecen líneas de financiación para proyectos que pongan el foco en la reducción del uso de plásticos.

En lo que respecta a España, y en espera de que se concreten la nueva Ley de Cambio Climático y Transición Ecológica y la Estrategia Española de Economía Circular, a nivel gubernamental se ha anunciado que habrá una serie de medidas que deberán aplicarse en los sectores de construcción, agroalimentario, turismo, industria y consumo, para lo cual se destinará un presupuesto aproximado de 840 millones de euros en el marco del plan de acción 2018-2020.

En materia de financiación y fiscalidad de las acciones que acomete el tejido empresarial en el ámbito de la economía circular, el Gobierno español ha manifestado “la prioridad” de este tipo de proyectos en fondos públicos tales como CDTI o FEDER. Asimismo, y en este mismo contexto, ha anunciado la revisión de las deducciones fiscales por actividades de investigación, desarrollo e innovación tecnológica (I+D+i); de una forma un tanto más difusa, se menciona una futura política de incentivación, mediante el retorno de impuestos y deducciones fiscales.

Y para rizar el rizo, eclosiona el concepto economía circular 2.0, algo así como la unión de la agenda digital con la eficiencia en el mundo físico de recursos. Con la voluntad de facilitar la transición a este nuevo paradigma, la UE plantea una mejora de la información a través de soluciones Big Data, al tiempo que pone énfasis en la simbiosis industrial y en la implementación de medidas como el smart manufacturing, la optimización de cadenas de valor y la creación de plataformas digitales colaborativas.

Hasta aquí, el inventario. Ahora, una sucinta reflexión. España ocupa el puesto 28 del Índice Mundial de Innovación elaborado por la Universidad Cornell de Estados Unidos, el INSEAD y la Organización Mundial de Propiedad Intelectual. ¿No les parece que lo expuesto abre a España y a su tejido empresarial, una grandísima oportunidad para avanzar en competitividad al tiempo que cumplimos con las exigencias medioambientales que nuestro planeta y nuestra sociedad nos reclaman?

No sé a ustedes, pero a mí la respuesta (y el desafío colectivo que subyace en la misma) se me revela muy inspiradora.

 

Cristian Mato Huertas

Consultor senior I+D+i de F. Iniciativas

 

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